© Fotografía: Rosalía nos cuenta acerca de su nueva producción musical LUX, por Tele Ruban (vía Wikimedia Commons). Edición y post-producción: Kultura Jaya. Licencia CC BY 3.0.
El nuevo álbum de Rosalía, Lux, se presenta como una exploración cultural y lingüística profunda. La propia artista ha declarado en entrevistas que este álbum ha sido un proceso largo de investigación y aprendizaje, y que cantar en distintos idiomas le permite conectar con personajes espirituales que la inspiran. Afirma, por ejemplo, que al cantar en hebreo, se conecta con Miriam (la hermana de Moises).
A simple vista, Lux parece romper límites y fronteras, uniendo estilos, idiomas y culturas bajo una misma creación —algo que también podría formar parte de su visión espiritual del mundo y de su conexión con Dios, de la que habla en entrevistas recientes—. Sin embargo, al analizar cómo se ha tratado una de esas lenguas, se hace evidente que el resultado apunta en la dirección contraria: las fronteras no se disuelven, sino que se refuerzan.
No es posible abordar aquí todas las referencias culturales del álbum, pero sí detenerse en un caso concreto. En “Novia Robot”, una de las canciones de su nuevo álbum, Rosalía incorpora versos en hebreo que resultan estridentes para cualquier hablante nativo. No se trata únicamente de acento o pronunciación —algo perfectamente comprensible—, sino de errores gramaticales y elecciones léxicas incorrectas.
Un ejemplo ilustrativo es el uso de “מבריקים” (mavrikim) para describir el brillo de los diamantes. Aunque no es estrictamente incorrecto, la elección resulta poco natural. “מבריק” (mavrik) se emplea habitualmente para superficies pulidas, como un suelo recién fregado o un cristal limpio, mientras que un diamante suele describirse como “נוצץ” (notzetz) o “זוהר” (zoher), términos asociados a un brillo propio o luminoso.
Además, en una de las frases se omite una partícula de conjunción, lo que, aunque no impide la comprensión, produce una construcción gramatical extraña para un hablante nativo. Estos son solo dos ejemplos dentro de un verso muy breve, lo que hace que este tipo de imprecisiones resulten aún más llamativas.
En redes sociales en hebreo, muchos usuarios se han burlado del verso, señalando que suena completamente generado por inteligencia artificial y que resulta difícil de entender.
Este tipo de error no es sofisticado ni ambiguo: es exactamente el tipo de fallo que produce un traductor automático sin revisión humana. Y esto abre una cuestión de fondo: ¿cómo es posible que una artista con acceso a recursos prácticamente ilimitados no haya consultado a un hablante nativo? La respuesta más plausible no es técnica, sino conceptual: el hebreo no está siendo tratado como una lengua viva, ni como un “puente entre culturas” .
Este patrón —utilizar una cultura sin incorporar a quienes la representan— no es anecdótico. Constituye una forma de vaciamiento simbólico: se conserva la forma, pero se elimina el contenido humano.
Un ejemplo paralelo aparece en el ámbito de la divulgación lingüística. La cuenta Linguriosa, referente en redes sociales y televisión, analizó los idiomas presentes en Lux con especialistas en japonés, alemán, portugues y otras lenguas. Sin embargo, al llegar al hebreo, afirmó que “no pudo encontrar a nadie que pudiera analizarlo”.
Esta afirmación no resiste un análisis mínimo. España cuenta con departamentos universitarios de Estudios Hebreos, comunidades judías activas y, en el contexto actual, también con un número creciente de hablantes nativos. A nivel internacional, el acceso a expertos es aún más amplio. No se trata de una falta de recursos, sino de una decisión: el hebreo se convierte, de facto, en una lengua prescindible.
Este tipo de omisión no es neutral. Construye una jerarquía implícita sobre qué culturas merecen ser escuchadas y cuáles pueden —o, más precisamente, deben— ser ignoradas.
La cuestión se vuelve más clara al analizar cómo se utiliza el concepto de “genocidio” en el discurso público. En su vídeo sobre el término, Linguriosa menciona correctamente a Raphael Lemkin, quien lo acuñó tras el Holocausto. Sin embargo, al aplicar posteriormente esa categoría al conflicto árabe-israelí, el criterio no siempre se presenta de forma consistente ni comparativa.
En la actualidad existen casos ampliamente documentados que encajan de manera más directa en la definición clásica de genocidio, como la persecución de los uigures en China, la violencia sistemática contra comunidades cristianas en diversas regiones de África o el exterminio y desplazamiento de los yazidíes a manos de ISIS. En estos contextos se observan elementos como la persecución explícita por identidad, la destrucción de comunidades y dinámicas sostenidas de eliminación. Sin embargo, en el caso analizado, el foco se sitúa exclusivamente en el denominado “genocidio palestino”, sin incorporar otros ejemplos que permitirían un análisis comparativo más riguroso.
Esta selección de qué casos se visibilizan y cuáles se omiten no es inocente: moldea la percepción pública sobre qué sufrimiento merece atención. Al destacar ciertos conflictos y silenciar otros, gran parte de la sociedad ni siquiera llega a ser consciente de lo que queda fuera de ese marco mediático, y por lo tanto no puede cuestionarlo ni someterlo a análisis.
En ese mismo contexto, resulta especialmente significativo el escaso foco sobre otro hecho contemporáneo: la situación de algunos supervivientes del Holocausto que viven en Israel. Muchos de ellos —personas que ya sobrevivieron a un intento real de exterminio— han tenido que volver a refugiarse en búnkeres, han sido desplazados o viven bajo amenaza constante tras los ataques del 7 de octubre y el conflicto posterior. Algunos, de hecho, fueron asesinados ese mismo día, y al menos un superviviente fue secuestrado y posteriormente asesinado en cautiverio.
Linguriosa también señala que el genocidio implica un “intento” de destrucción. Sin embargo, ese mismo marco no se aplica al analizar los ataques del 7 de octubre ni la retórica de ciertos actores implicados en el conflicto. En estos casos existen declaraciones explícitas y acciones documentadas dirigidas contra el pueblo judío, tanto dentro como fuera de Israel, que, bajo ese mismo criterio, encajan en la lógica de intento de eliminación de un grupo definido por su identidad nacional, étnica o religiosa.
La paradoja es difícil de ignorar: se invoca el Holocausto como referencia moral abstracta, pero se invisibiliza a quienes lo sobrevivieron cuando vuelven a estar en peligro.
Nada de esto ocurre de forma aislada. La negligencia lingüística, la omisión cultural y la selectividad moral conforman un mismo ecosistema simbólico. En este contexto, gestos como proyectar la imagen de Marwan Barghouti —terrorista condenado por planificar y ejecutar ataques contra civiles— durante un concierto transmitido en directo por TVE2 y financiado por el Ayuntamiento de Barcelona, en el que participó la propia Rosalía junto a otros artistas, o mostrar mapas donde Israel desaparece, dejan de ser meros detalles secundarios y se integran en una narrativa coherente.
El resultado es la normalización de una exclusión y una deshumanzacion: el pueblo judío puede ser citado, pero no escuchado; su historia puede ser utilizada, pero no contextualizada; su lengua puede ser imitada, pero nunca se usara para dialogar con sus nativos.
Los casos de Rosalía y Linguriosa no son los más extremos, y precisamente por eso resultan relevantes. Operan en el terreno de lo cotidiano, de lo culturalmente aceptado, donde las ideas no se imponen de forma explícita, sino que se filtran sin resistencia.
Ahí reside su eficacia —y también su peligro.
Porque esta es una de las formas más insidiosas de la exclusión y el odio: la que se disfraza de justicia; la que se canta, se consume y se enseña; la que convierte la cultura en un espacio aparentemente abierto mientras decide, de forma silenciosa, quién queda fuera.
Y cuando eso ocurre, el “puente” entre culturas del que hablan los artistas y los educadores deja de ser un punto de encuentro. Se convierte en una estructura frágil, construida sobre omisiones y contradicciones, destinada, no a unir orillas, sino a colapsar en un mar de odio.
Referencias:
- El video de linguriosa sobre el album de Rosalia “Lux”:
https://www.youtube.com/watch?v=KmakabnM_wg - El video de linguriosa sobre el termino “genocidio”:
https://www.instagram.com/p/DOgXfRkDJXg/| - Noticia sobre el concierto donde apareció la imagen de Barghouti:
https://enfoquejudio.es/celca-denuncia-el-concierto-propalestino-de-barcelona-por-sus-expresiones-de-odio-a-los-judios-y-a-israel/
