© Fotograma del episodio “The Hanukkah Story” (T6E10) de La niñera, realizado por Almudena. Edición y postproducción: Kultura Jaya.
Me crié en un pueblo de la Andalucía rural, cuando yo era pequeña no teníamos ni cadenas de supermercados, para cuando nací el cine del pueblo llevaba ya varios años cerrado y el ocio consistía casi exclusivamente en salir a comer. Mis padres tenían un negocio que abría a las nueve y cerraba a las nueve, yo pasaba casi todo el tiempo libre en casa. Estaba desconectada del mundo, y aunque solo era una niña, ya sabía lo que era la soledad. Fue durante esas tardes cuando conocí a Fran Fine, una mujer divertida que me hacía reír hasta que me dolía la barriga, que me sacaba de las pesadas tardes encerrada en un piso asfixiante. Desde entonces, Fran fue también mi niñera. Pero Fran no solo me hacía reír, también me enseñó las tradiciones y costumbres de una fe a la que mi país ha dado la espalda durante siglos: el judaísmo.
Si fuiste un niño en España a finales de los noventa o principio de los dos mil no hace falta que te explique mucho sobre las sitcoms americanas, las parrillas televisivas ni los maratones enlazando programación. Cada tarde cada uno de nosotros (al menos los amigos a los que he ametrallado a preguntas) tenía su rutina de visionado. Sin pagar un duro teníamos acceso a casi todas las novedades estrenadas en prime time en la programación estadounidense. Las cadenas regionales y las de alcance nacional estaban sumergidas en una guerra de subastas por comprar las últimas novedades, y el niño promedio recogía los frutos. Disfrutaba de ellas durante un par de horas, muchas veces en soledad, en ese tiempo muerto entre la salida del colegio y la llegada de sus padres del trabajo.
Sin tener que pensarlo mucho puedo recordar de memoria algunas de las series que llenaban ese espacio entre las seis y las nueve de la tarde que parecía estar cambiando constantemente. Recuerdo ver Matrimonio con hijos, de las pocas que se quedaría durante años, Un manitas en casa, Alf, incluso creo recordar que por un corto periodo de tiempo a La 2 le pareció buena idea emitir el anime La familia crece (Mermelade boy en inglés). Sin embargo, de toda esa larga lista de series ninguna se quedaría grabada en mi memoria como lo haría la serie La niñera.
Recuerdo perfectamente ver el episodio piloto y quedar enganchada; no tenías la sensación de estar viendo un capítulo de veinticinco minutos, con apenas unas pocas frases por personaje, ya habías entrado en su mundo y habías pasado el día con Fran.
De alguna forma incluyeron en sólo veinticinco minutos: cómo su novio la deja y la despide simultáneamente, cómo encuentra trabajo como vendedora de cosméticos puerta a puerta, cómo un padre desesperado por encontrar a alguien que cuide esa tarde de sus hijos la contrata como niñera y cómo pasa la tarde con los niños preparándolos para la gala que el padre organiza esa noche, a la que además asisten.
Consiguieron que fuera el piloto mejor recibido de los tres años anteriores y lo hicieron con un presupuesto que había sido aprobado para producir una “sinopsis de quince minutos”, es decir, con la mitad del presupuesto.
Para llegar a este nivel y conseguir desde el primer momento una maquinaria bien engrasada han tenido que pasar muchas cosas entre bambalinas.
La serie fue creada por Fran Drescher, la actriz que protagoniza la serie, que junto a su marido Peter (ahora ex marido) desarrolló la idea, esbozó el primer capítulo y creó la “biblia de personajes” con la que se presentarían ante Jeff Sagansky en CBS.
Para cuando crearon este proyecto tanto Fran como su marido llevaban más de quince años intentando abrirse un hueco en el mundo del entretenimiento, con un éxito relativo, eran conocidos en la industria pero no lo eran tanto entre el público. Fran no había parado de trabajar pero ya tenía treinta y seis años, y aunque había tenido papeles en películas taquilleras como Fiebre del sábado noche, siempre habían sido papeles secundarios. Una vez tras otra chocaba con el mismo problema: su perfil era demasiado complicado para interpretar un papel protagonista en Hollywood.
Nacida realmente en Flushing (Queens, Nueva York), había sido incapaz de separarse del todo de sus raíces y disolverse en la imagen “neutra” que buscaban las cadenas; eso hacía que su identidad ocupase demasiado espacio y que los únicos papeles que recibía en Hollywood fueran para interpretar al alivio cómico.
La serie nació después del fracaso de Princess, un programa en el que interpretaba a una de las coprotagonistas pero que fue cancelada prematuramente por ser un fracaso comercial. En muchas entrevistas Fran Drescher ha marcado este momento como el punto de inflexión en su vida laboral, en el que se dio cuenta de que estaba trabajando para directivos y profesionales que no entendían la industria.
Fue entonces cuando decidió que tenía dos opciones: producir su propio proyecto o abandonar la industria definitivamente. Sabía que tenía el talento, la experiencia y la visión suficiente para crear algo más grande, solo necesitaba una oportunidad.
Con la decisión tomada viaja a Europa a pasar unas semanas de descanso, primero al sur de Francia y luego a hacerle una visita a su buena amiga Twiggy en Londres (sí, esa Twiggy), a la que había conocido rodando Princess.
Era la primera vez que Fran hacía un viaje tan largo sola, pero tuvo la suerte de que en ese vuelo viajaba también Jeff Sagansky, directivo de CBS. Aprovechó el momento, y consiguió una reunión para presentar su idea incluso antes de tener un proyecto formado. La idea que daría forma al proyecto le llegó también en ese mismo viaje cuando observó la dinámica que se creó entre ella y la hija de Twiggy mientras estaban de paseo por Londres una tarde. Imaginó una versión de Sonrisas y lágrimas pero en lugar de ser Julie Andrews quien llamaba a la puerta sería Fran Fine. La reunión en Los Ángeles con CBS fue muy bien y en unos días dieron luz verde al proyecto.
Con el piloto aprobado, la cadena empieza a hablar con los anunciantes en busca de financiación y Procter and Gamble (P&G) se ofrece a comprarlo directamente si Fran deja de ser judía y se vuelve italiana. Esto dejó a Fran y a Peter desconcertados, CBS ya había dado luz verde a la serie antes de la petición de P&G, la cadena sabía de sobra que Fran y Peter sacaban sus ideas y su humor de las experiencias personales y de su identidad judía.
Por un momento se plantearon ceder a la petición de P&G porque era el primer proyecto que tenían la oportunidad de dirigir y creían en el concepto de la serie, pero eran conscientes de que cambiar la identidad de Fran Fine sería una idea suicida. Habían desarrollado su propio proyecto creando algo personal, llevaban mucho tiempo en el oficio y sabían el volumen de trabajo y la velocidad con la que había que trabajar para producir un capítulo por semana. Sabían que podían perder la oportunidad de sacar el proyecto adelante pero aún así hablaron con CBS y le comunicaron su decisión: Fran Fine seguiría siendo judía, ya no solo por principios sino porque no tenían un conocimiento de la cultura italiana lo bastante profundo como para poder crear humor en torno a ella, especialmente al ritmo que demanda una producción así.
Perdieron la seguridad económica que habría supuesto que les comprasen directamente la serie pero tenían razón su personalidad, su entorno, su cultura, era indivisible de su judaísmo. Un judaísmo que en la mayor parte de la serie hizo de motor narrativo. No habrían podido crear otra serie diferente a la que crearon, fue un éxito desde el primer momento porque de alguna manera llevaba gestándose más de quince años. Fue el resultado de una vida entera en el oficio, de su talento personal y de tener la libertad de representar en pantalla un entorno al que le sobraba humor y vida pero que por algún motivo la industria consideraba “incómodo”.
En La niñera se presentaba de forma natural la vida cotidiana de una persona judía americana; por ejemplo en un capitulo Fran va al templo Emanu-El, para intentar conquistar al nuevo cantor de la sinagoga, en otro episodio recuerdan la llegada a América de la abuela senil Yetta a través de las cartas que escribió mientras estaba viajando en barco. Las expresiones en yiddish se integraban de forma natural y fluían fácilmente en las conversaciones cotidianas en Nueva York, y en cambio en otro capítulo vemos como a Fran no le sirven de mucho cuando viaja en su juventud a Israel para trabajar en un kibbutz. Aunque es cierto que en ese capítulo más que trabajar se pasa el verano quejándose, escaqueándose de hacer el trabajo y trayendo snacks de contrabando de Jordania con su amiga Val, y muy icónicamente perdiendo su “sombrero” (guiño, guiño) con un chico israelí muy guapo.

Pero ningún capítulo creo que sea más representativo o más importante que el capitulo veintiuno de la temporada cuatro, “una historia pasada”, no porque sea especialmente divertido en comparación con los otros, sino porque en lo que respecta a España sería la primera vez desde 1492 que la celebración de Pésaj (pascua judía) llegaría a los hogares españoles a través de la cultura popular, especialmente con el cariño y con el respeto con el que se hace en la serie. Greacie, como llama Fran de manera cariñosa a la pequeña de la casa, tiene que leer las cuatro preguntas típicas de Pésaj, y las cuatro preguntas con sus respuestas son emitidas en un tono de cariño y respeto máximo, dejando una pausa para disfrutar del momento antes de que la madre de Fran indique a la niña que lea una última pregunta añadida por ella “¿Cuándo va tu padre a casarse con mi hija de una vez?” a lo que Fran responde “Y esa pregunta es para recordarnos a todos MI sufrimiento”.

Toda la serie es un ejercicio práctico sobre cómo es posible reírte de ti mismo y no tomarte tu vida tan en serio y a la vez mostrar un gran amor por los tuyos.
No creo que los que critican la serie por detalles sean conscientes de la proeza que consiguió: fue la primera vez que a nivel nacional aparecía en todos los televisores españoles una mujer judía carismática, divertida y guapísima como protagonista de una serie en la que estás de su lado.
El corazón judío de la serie mete en la casa de todos los españoles tradiciones judías que en España se han negado desde tiempos de la Inquisición, construye un puente entre las tradiciones judías y este país, algo que tiene un valor y una importancia cultural enorme.
A veces parece que la sociedad española le da la espalda al mundo porque hay cosas que no quiere ver, esta serie es culturalmente subversiva porque no te deja mirar para otro lado y fingir que no estás viendo lo que estás viendo. No importa qué capítulo pongas o que no sepas de qué va, conforme avance sabrás que Fran es judía, y no por algún tipo de agenda forzada que falla tanto en hacer una representación real de una persona como en hacer un buen trabajo narrativo, sino porque está mostrando lo que ella es y está usando su talento y su vida como material de comedia. En la serie su vida y su cultura son indivisibles.
La niñera abrió una ventana tapiada, un nexo cultural olvidado para la mayoría de españoles y a día de hoy se sigue sintiendo ese soplo de aire fresco, puedes relajarte porque lo que vas a ver está hecho por un amigo.
Ahora como adulta en la treintena todavía recuerdo escenas de La niñera y no puedo evitar reírme, me siguen alegrando el día, es así de buena.
Leí hace unos años un artículo de Rachel Aroesti en el que hablaba sobre cómo las grandes plataformas no están produciendo series de comedia pero se están gastando auténticas fortunas en adquirir las sitcoms clásicas para añadirlas a su catálogo.
Aunque estas series siempre han mantenido un publico constante, ahora las nuevas generaciones las están descubriendo en masa y Rachel argumentaba que este auge de las sitcoms “vintage” las asemeja al rock clásico: el punto álgido de un género que ahora se admira con nostalgia y reconocimiento y con el cual las nuevas generaciones se forman para crear otras cosas. Si las sitcoms de los noventa se han convertido en classic rock La niñera merece un puesto en el hall of fame.
Referencias:
- https://www.tabletmag.com/sections/news/articles/25-years-of-loving-the-nanny
- https://www.pastemagazine.com/tv/the-nanny/the-nanny-legacy-fran-drescher
- https://glitterinc.com/carpe-diem-brilliant-advice-fran-drescher/
- https://www.theguardian.com/tv-and-radio/2021/oct/26/the-last-laugh-is-the-television-sitcom-really-dead
- https://www.youtube.com/watch?v=hJzUOHofe80&t=913s
